Mujeres de Rugby

Hoy es el Día Internacional de la Mujer y para conmemorarlo, traemos tres historias de mujeres ligadas a nuestro deporte. Saludamos a una y cada una de ellas, y en especial, a las que suman su esfuerzo para hacer cada vez más grande el Rugby de nuestra Unión.

Valeria Antl: “El rugby es parte de mi vida, me vio crecer y me hizo desarrollar mi personalidad”

Reza el dicho popular que “lo que se hereda no se roba”, y para Valería Antl ese refrán se ajusta a la perfección. Aunque, para la hija del “Oso” y la hermana de Diego, su relación con el rugby se hizo propia a tal punto que encontró su lugar y trascendió el lugar de “la familiar de” para hoy se una referee conocida y reconocida por sus colegas.

Según ella, su historia con nuestro deporte comenzó “prácticamente desde la panza de mama, cuando lo iba a ver a mi papa jugar en Pueyrredón”. Después, la guinda fue un hilo conductor en su infancia y adolescencia: “luego acompañaba a papá, que lo llevaba a mi hermano a jugar, o cuando él entrenaba una división en Biguá tambén lo acompañaba. Y ahí es donde conocí a Laureana (Pappaterra), cuando yo tenia 12 años me invita a colaborar con la Escuelita de rugby. Y ahí estuve hasta mis 20 años con los chiquitos”.

Pappaterra, una de las referees más reconocida en nuestro país, junto a su papá, le plantaron la semilla del Referato: “un día mi papa comienza a ir a las charlas de referato y me invitan a hacer el curso. Y cuando cumplí 18 años empece a pisar una cancha”. Los comienzos, no fueron fáciles ,“al principio me costó mucho. Nos miraban distinto a nosotras y nos probaban constantemente. Pero entendieron que no era un capricho sino una pasión”.

De sus primeros pasos siendo árbitro al día de hoy, cambió la relación del entorno con ella: “hoy en día es muy diferente a los comienzos, aunque siguen estando esas miradas y comentarios despectivos de algunos integrantes de clubes. Que, personalmente, solo me dan mas ganas de seguir adelante”. Además, resalta la cordialidad que siempre hubo con sus colegas hombres: “mis compañeros nos tratan como uno mas y nunca hicieron diferencia con nosotras. Hay muchos que me vieron crecer tanto en lo personal como en lo deportivo y les tengo mucho cariño”.

El rugby es el hilo conductor de la vida de Vale, que formó una familia junto a Matías de la Canal, jugador de San Ignacio, y hoy es mamá. “Mi hijo todavía no registra que mamá es árbitro. Si sabe que su papá y su tío juegan y el ama ponerse las camisetas que le regalaron y jugar con la guinda”, resalta, aunque ella prefiere ser cauta sobre el hecho de que el destino de si hijo esté signado por algún tipo de mandato familiar: “no quiero presionarlo. Que el juegue a lo que le haga feliz”.

Para cerrar, y como si hacía falta aclararlo, afirma que “el rugby es parte de mi vida”, asegura que “me vio crecer y me hizo desarrollar mi personalidad. En los comienzos no fue fácil. Pero gracias al sostén de muchos hombres que me apoyaron pude prevalecer. Soy hija, hermana y pareja de rugbier. Para mi el rugby es todo”.

Magali Ruíz: “Las mujeres vamos por buen camino, y estoy segura que vamos a seguir creciendo dentro del deporte”

Un buzo verde con las letras SIR grandes en rojo, rodeada de chicos de entre 6 y 9 años que a sobrevuelan con la emoción y el respeto que un alumno tiene ante una profe. El cariño que les brota a todos en forma de sonrisas. Magalí Ruíz, cuando entrena, se siente en su lugar en el mundo.

En San Ignacio la conocen, al saludan, la respetan. Se fue abriendo camino desde que llegó al Club “por medio de mi hermano, que era jugador de SIR”, y se ganó un lugar en un club donde sólo juegan hombres. “Para mi es lo mas común entrenar en un club donde sólo hay rugby masculino”, reconoce. Y resalta que “es más, lo diferente es ver o ir a clubes donde jueguen hombres y mujeres. Acá en Mar del Plata es bastante reciente, pero cuando vas a clubes en otras localidades, es increíble la el buen nivel”.

Entrenar a los más chicos siendo mujer nunca fue inconveniente, sino todo lo contrario: “La recepción de los chicos es excelente, no solo en las categorías mas chicas, sino en otras que me a tocado estar, M-11, M-12, y este año la posibilidad de estar en la M-13. Soy una entrenadora más como cualquier otro“.

Además de entrenadora, Magalí es referee, y ha dirigido partidos del Regional Pampeano Femenino el año pasado. Más allá de ejercer reconoce que “al referato llego con la intensión de aprender más, de aportar un plus extra en mi rol de entrenadora, además había comenzado a ayudar en categorías más grandes. El conocer y entender el reglamento, hacen que las actividades que propongas, sean lo mas ajustadas posible al juego. Y además respondas mejor a las inquietudes de los chicos”.

Ser entrenadora requiere sacrificio, responsabilidad y una cuota de pasión necesaria. Si a esto le sumamos el querer insertarse en un lugar en donde la gran mayoría son hombre, los comienzos a Magui le costaron: “si bien mi club, tiene entrenadoras mujeres en la categorías escuela desde hace muchísimos años, cuando me empece a sumar a categorías un poco mas grande sentí la diferencia, el cumplir un rol y tener un espacio llevo un tiempo, que comiencen a aceptar sugerencias, que a veces de mi parte no eran escuchadas. Y venia otra persona, y lo cambiaban automáticamente”.

Estas situaciones no la desalentaron, todo lo contrario, reafirmaron sus convicciones de querer superarse y seguir creciendo en su profesión: “tuve que estar siempre ahí, con compromiso, responsabilidad, sabiendo que quería ocupar ese espacio, y que podía hacerlo con criterio, y siempre aprendiendo, escuchando y observando, todo lo que pueda enriquecer mi trabajo”.

La relación con sus colegas es “muy buena, como lo mencioné anteriormente, con algunos he tenido mis diferencias, a otros les costó aceptar que estaba ocupando ese espacio. Pero con la gran mayoría es muy buena, me conocen, estoy prácticamente en el club todos los días, aprendiendo y tratando de crecer como profe”.

Para cerrar, Magalí dio su punto de vista de como las mujeres se están abriendo paso en un deporte dominado por los hombres: “es hermoso ver como están creciendo los equipos, muchas chicas de todas las edades se están acercando al deporte, y también están encontrando su lugar en el club. Estamos bastante atrasados respecto con otras uniones, todavía queda mucho por hacer. Se avanzo bastante gracias al esfuerzo de las chicas en sus respectivos clubes y a la Refeere Laureana Pappaterra, que siempre da visibilidad, tanto a los torneos, como a equipos y nos da la posibilidad de estar. Vamos por buen camino, y estoy segura que vamos a seguir creciendo.”

Paulina Marinelli: “El amor por el club, los niños y la familia, hace que uno desee superar cualquier tipo de diferencia o dificultad”.

En las Reuniones de Presidentes de la Unión ella siempre destaca. No por estar vestida de manera extravagante, o por comportarse de manera extraña o fuera de lugar. Simplemente, resalta por ser la única.

De todos los clubes, Miramar es el único dirigido por una mujer. Paulina Marinelli es la presidente que toma la palabra entre todo sus colegas hombres y propone ideas y se preocupa por los clubes que, como el suyo, están en constante cerecimiento.

“Por un lado esta experiencia de ser presidente es muy reconfortante, valoro mucho  el  espacio, apoyo, consejos y  colaboración que me han dado muchos”, relfexiona Paulina, y se adentra en lo que fueron sus comienzos y las vicisitudes que tuvo que enfrentar: “sin duda que han surgido algunas dificultades en el vínculo con algunos hombres con quienes antes no tenía tanta relación en el Club. Sin dejar de reconocer mis falencias,  en algunos casos el hombre es bastante reticente  a aceptar un curso de acción propuesto por una dirigente mujer. A veces también surgen dificultades por los distintos códigos o costumbres que tienen  hombres y mujeres, por ejemplo  en la comunicación. Sin embargo, el amor por el club, los niños y la familia, hace que uno desee superar cualquier tipo de diferencia o dificultad”.

Sus comienzos en el Club fue de la mano de uno de sus hijos, y su historia con Miramar creció a la par del Club: “el rugby llega a través de uno de mis hijos, quien comenzó a jugar en  el año 2008, un año después de haberse fundado el Club, que nace por un grupo de amigos, jugadores de rugby, que  en su juventud lo hacían sin tener un club en nuestra ciudad. Al principio comenzamos con mi esposo  a colaborar como papás, ya que se veía un grupo de trabajo con mucha energía y deseos de hacer crecer el club. Luego nos sumamos a la Comisión Directiva, sintiéndonos  bienvenidos, ya que nos dieron un espacio desde el cual creíamos  se podía hacer un mayor aporte  a este hermoso proyecto. En el año 2013 nació mi tercer hijo, y tuve que reducir mi colaboración, para retomarla nuevamente más intensamente a mediados de 2017. Fue  hacia fines de ese año cuando recibí la propuesta  de dos presidentes del club, apoyados también por la Comisión Directiva, a quienes siempre agradeceré por  la confianza que han depositado en mí, para que yo lo presidiera una vez que culminara el mandato de la Comisión vigente en ese momento. Me llevo unos meses tomar esa difícil decisión, ya que vislumbraba ciertas dificultades que podrían surgir teniendo en cuenta que en este deporte los espacios son mayormente ocupados por hombres, tanto en  el juego, como en  la dirigencia. A su vez, entendí que si  me proponían esto, sería porque consideraban que podía hacer algún aporte específico que el club necesitaba,  tal como cuando el entrenador asigna una posición específica  a un jugador”.

Ser mujer en un espacio plagado de hombres le da una mirada particular para encarar los desafíos que se le presentan. Paulina cree que en su caso “tengo una mirada diferente ya que aparte de ser mamá y dirigente, soy docente. Esto conlleva el deseo de inculcar la responsabilidad, el respeto-  por las reglas, por el otro- la asistencia y protección a quienes más lo necesitan. Especialmente se han establecido algunas pautas en relación al cuidado de los más pequeños, prácticas más similares a las llevadas a cabo  por los docentes en las escuelas (como el cuidado, autorizaciones, la comunicación con las familias)“.

Destacarse por ser la única presidente de un club de rugby en nuestra Unión la hace reflexionar acerca de porque otras mujeres no se acercan a este tipo de cargos dirigenciales: “En mi opinión, no hay más mujeres en estos espacios por varios motivos. Primero, es un espacio en el que los hombres son mayoría: pocos clubes tienen plantel femenino de rugby, los jugadores son mayormente hombres, por ende sus dirigentes también. También hay que tener en cuenta que hay cuestiones sociales que han posicionado históricamente al hombre como líder. Actualmente eso se está deconstruyendo, y hay cada vez más mujeres desempeñando roles que antes solo ocupaban los hombres. Probablemente la falta de interés de las mujeres en ocupar espacios dirigenciales en el rugby también contribuya a que sean muchos más hombres los que dirijan”. Sin embargo, es optimista con el hecho de que cada vez más mujeres pisen fuerte en nuestra disciplina “Personalmente, creo que si se da el espacio y la confianza, más mujeres se sumarían. tanto jugadoras como dirigentes. En mi caso, reitero, agradeceré siempre el espacio y apoyo que me han brindado en Miramar Rugby Club“.